Las pirámides alimentarias

24 Ago 2009 por

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Una pirámide alimenticia o nutricional es un esquema gráfico que busca orientar de forma sencilla a un grupo poblacional acerca del tipo y proporción más adecuada de alimentos que deben consumir para mantener una buena salud.

Las pirámides alimenticias distribuyen los alimentos por grupos, como carnes, cereales, lácteos, vegetales y frutas, para ayudar a selecionar los mejores de acuerdo a su disponibilidad local y calidad nutricional, y se diagraman de tal forma que los que deben consumirse frecuentemente se ubican en la base, y en la cima aquellos utilizados con mucha limitación.

en general, todas las pirámides enfatizan unos principios básicos generales como comer más frutas, vegetales y cereales, reducir el consumo de grasas y limitar la sal y el azucar, incluir la activida física en la rutina diaria, controlar las porciones y la cantidad total de alimentos ingeridos.

Cuántas pirámides?
Existen muchos tipos de pirámides alimenticias, algunas han sido desarrolladas por organismos de salud gubernamentales, y otras por instituciones de salud independientes.

Estados Unidos introdujo con mucha publicidad su nueva pirámide en el año 2005, y España hizo la revisión de la suya un año antes.
En latinoamérica existen hasta el momento 14 pirámides distintas.
Algunas inclusive son representadas de variadas formas, como una olla en el caso del Salvador y Guatemala, un trén para la de Colombia, una elipse para la de Argentina y un arco iris para la de Canadá.

También se han diseñado pirámides que reflejen la cultura y tradiciones culinarias de una población, como las propuestas por la organización sin ánimo de lucro Oldways Preservation and Exchange Trust, representadas en la pirámide asiática, la pirámide mediterranea y la pirámide latinoamericana.

Por último están las pirámides propuestas por entidades independientes de salud como la Clínica mayo y la Universidad de Harvard, entre otras.

La controversia
Aunque el fín de estas pirámides es ayudar a las personas a seguir unas pautas de nutrición saludables, en no pocos casos han fallado en su cometido, debido a que fueron implementadas basándose en información científica obsoleta o sin información sólida que las respaldara.

La pirámide alimentaria introducida en 1992 por el gobierno norteamericano, -reconocida por muchos al reverso de las cajas de cereales-, le daba una gran acogida a los carbohidratos refinados: en la base de la pirámide se podía apreciar el pan blanco, el pan francés y las pastas, favoreciendo su consumo en grandes cantidades (hasta 11 porciones diarias), y en la cúspide estaban las grasas, indicando que no debían utilizarse sino muy ocacionalmente.

Con ello se daba por sentado que sólo las calorías provenientes de las grasas eran las que contaban al momento de ganar peso, y comer de harinas grandes cantidades era “seguro”; de hecho, la industria alimenticia aprovechó la oportunidad para inundar el mercado con productos “libres de grasa”, como sinónimo de “buenos para la salud”.

El esquema antiguo no hacía distinción entre los diferentes tipos de carbohidratos, las harinas y los cereales integrales se tomaban por igual, y todas las grasas en principio eran perjudiciales.